Chicago: detrás de lo que vemos.


Aparentemente, los restaurantes simplemente son sitios para ir a comer. Sin embargo, se trata también de espacios donde encontramos el sabor de la vida. La mesa de un restaurante, para quienes tenemos la fortuna de ir ahí a disfrutar con la familia, no es una simple tabla. Es un muelle para sentarse a contemplar ese horizonte que son los hijos; cuánto han crecido y la manera en que son ya capaces de conducir su propia conversación. 

Joe’s Seafood, Prime Steak and Stone Crab, 2022.

Detrás de una comida están también quienes la preparan, los que van a hacer negocios, a formalizar o romper relaciones, o a acariciarse por debajo de la mesa. Estuve en Chicago, la ciudad que Frank Sinatra se apropió con una canción y que está llena de espléndidos restaurantes en los que acontecen cosas que no necesariamente vemos.

Chicago tiene igualmente varios estadios y arenas deportivas, las cuales —lo mismo que los restaurantes y tantas otras cosas— sirven además para fines distintos de los que las originaron. Están el Soldier Field, casa de los Chicago Bears, o el United Center, cancha de los Chicago Bulls y escenario de conciertos musicales legendarios. El 5 de febrero pasado se presentó Elton John en su gira de despedida, tras recuperarse de una cirugía de cadera y luego de covid.

«Aquí también me rehice de la sobriedad», confesó previo a interpretar “I’m Still Standing” en su piano. «Agradezco a Chicago que me recibió 53 veces a lo largo de mi carrera y, sobre todo, donde decidí retomar el control de mi vida. Eso es lo más grande que me ha ocurrido, pues me permitió seguir haciendo lo que amo: tocar para ustedes. Y para mí».

La Ciudad de los Vientos esconde grandes historias y sus majestuosos rascacielos no son la excepción. El número 550 de la emblemática Avenida Michigan, correspondiente al Hotel Intercontinental, no solo aloja turistas. En el piso 14 hospeda una alberca olímpica, una de las más bellas del mundo. En sus más de 3.5 millones de litros de agua entrenó durante cuatro años Johnny Weissmüller, deportista y actor estadounidense (de origen austríaco), para los Juegos Olímpicos de París de 1924, en los que se alzó con tres medallas de oro. A un lado destaca el edificio neogótico del Chicago Tribune, una joya arquitectónica que combina distintos estilos, resaltando en lo más alto elementos propios de una catedral que se erige como tal en homenaje a la prensa (tan golpeada hoy en nuestro país por los soberbios y tontos).

La alberca del Hotel Intercontinental Chicago, en el piso 14.

Las torres de apartamentos que rodean al Wrigley Field de los Chicago Cubs tampoco se quedan atrás. Si uno camina frente a ellos quizá no se percate de aquello que los vuelve únicos en el mundo, pero basta con alzar la mirada para descubrirlo: los propietarios montaron butacas en las azoteas para que los aficionados vean los partidos a precios mucho más asequibles que dentro del estadio. La vista no es mala, se aprecia la totalidad del diamante y únicamente se pierde parte del jardín. Por si fuera poco, el precio del boleto incluye alimentos y bebidas sin límite, y cuentan las malas lenguas que, hasta antes del triunfo de los Cubs en la Serie Mundial de 2016, a eso iba a la gente: a olvidarse del beisbol. No cabe duda, los seres humanos somos ingeniosos, creativos y sarcásticos.

Las azoteas alrededor del Wrigley Field.

Al igual que en el resto del mundo, la pandemia se encargó de echar abajo muchísimos negocios y certezas en Chicago, incluso en la mismísima Magnificent Mile. Tras lo que fueran extravagantes aparadores, ahora sobresalen varias tiendas vacías. Es claro que no todo siempre sube, hay caídas, la economía está deprimida, y las personas. Mucha gente se vino abajo y no ha conseguido mantenerse en pie, aunque —como el Rocket Man— varios mexicanos que trabajan aquí me aseguran que habrán de hacerlo de nuevo. Detrás de sus sueños rotos hay esperanza.

Recordemos que esta ciudad se levantó ya una vez de las cenizas.

Estoy en FacebookInstagram y Twitter. Y trabajo en La Novelería y en Koloffon Eureka.

Desconocidos unidos por la música.

Columna publicada en el periódico El Universal.

 


comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *