Se busca un nuevo Colosio.

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Colosio no murió realmente el 23 de marzo de 1994, así como tampoco ha terminado de morir en los mexicanos, a pesar de todo, la esperanza de dejarle a nuestros hijos un México donde vivir no sólo en paz, con dignidad y justicia, sino con esplendor y plenitud. Aquella tarde, cuando comenzó la descomposición del país, el apellido del entonces candidato a la presidencia quedó escrito no sólo en la historia de esta nación, sino en el inconsciente colectivo de todos los que habitamos este territorio.

Desde entonces, las cosas no han cambiado, lamentablemente, para bien. Al contrario, el mal se apoderó de los espacios en los noticieros, de las calles, de las intenciones de quienes tendrían que servir al pueblo y, también, de la voluntad y del alma de una parte considerable de la sociedad. Tanto, que ese discurso que, dicen, puso en la mira a Luis Donaldo, está más vigente que nunca:

Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso.

Yo soy uno de esos ciudadanos. Yo soy uno de esos soñadores que levantan la ceja cuando en las pláticas derrotistas y las conversaciones angustiosas sobre el 2018 la gente concluye: “pero quién, es que no hay nadie”, porque yo creo que por ahí debe haber alguien, una persona que sí trabaje por amor a México y que entregue seis años de su vida y todo lo que tenga para reconstruir de fondo este gran país y la confianza de todos los que hemos dejado de creer en todo lo que tiene que ver con el gobierno.

Guardo la ilusión de que veamos surgir a un personaje que, por encima de la seguridad, nos devuelva la confianza, y que más allá de los grandes discursos nos vuelva a hacer creer en las palabras de a verdad.

Seguramente existe más de una persona con el anhelo auténtico de hacer algo por este país, alguien que, si no es precisamente ahora, pronto levantará la mano, alguien que reencarnará esa esperanza, alguien con la profunda intención de dejarle un mejor país a sus hijos, y me gusta imaginar que pudiera ser aquél en quien hoy más que nunca vive el espíritu de Luis Donaldo Colosio Murrieta: Luis Donaldo Colosio Riojas. Lástima que para el día de las próximas elecciones todavía no alcanzará la edad requerida para el cargo al que hace 23 años aspiró su padre, lástima que esta política moribunda los haya maltratado tanto a él y su familia, porque pocas ganas tendrá de involucrarse en una podredumbre así.

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Yo no conocí a su padre, ni sé qué habría hecho de México, pero he escuchado de personas que lo conocieron, y de la opinión general, que era un hombre, por lo menos, sincero, un político que desafió a quienes no debía ni cuestionar, un servidor público que anhelaba hacer algo por nuestra tierra.

Tampoco lo conozco a él, pero tal vez un día no muy lejano podría hacer coincidir a esa mayoría que requiere este país para empezar a cambiar. Tal vez él podría volver a despertar en nosotros esos sentimientos nobles y genuinos que alguna vez nos caracterizaron, quizás él podría hacernos sentir realmente representados, porque fue agraviado, como lo hemos sido muchos, por un sistema que, ese sí, está en sus últimas. He oído también que es una persona de bien, un tipo digno, responsable y honrado, que no le debe nada a nadie, que no tiene esa experiencia en la vida política de la que se han valido tantos para atentar contra esta Nación. Bien podría ser la clase de ser humano que necesitamos al frente de un país que llora, de un país que debe renacer ya.

Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.

Él, a mi parecer, podría encender otra vez en todos esa chispa, pero aún no es su tiempo, así que, mientras tanto, se busca un nuevo Colosio, alguien dispuesto y decidido a devolverle a México la vida y a los mexicanos la unidad, la voluntad y la gallardía, un verdadero servidor del pueblo que nos dé a todos una de esas increíbles sorpresas que tanto nos hacen falta para volver a creer.

¡Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad! ¡Es la hora de la Nación!


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